DÍA 8: PALAS DEL REY-RIBADISO DO BAIXO

Cómo pesan ya las piernas y el cansancio. Una etapa de veinte kilómetros no debería ser una gran gesta después de lo hecho, pero lo que se lleva encima... No hay nada que hacer, hay que salir a andar y ya está.

¿Cuánto queda para el segundo desayuno? Ya no queda nada. Una vez allí los bocadillos han volado y el reposo se ha prolongado casi una hora.

¡Bueno en marcha, que en la próxima parada toca comer y hoy, además, nos vamos a trincar un pulpo a la gallega que no se lo salta un gitano!
Pero antes de continuar una foto con aperos típicos del buen peregrino.

Antes de llegar a Melide, nuestro destino para comer, hemos pasado por Furelos, una aldea con un bonito puente romano. Así que la foto de rigor era más de justificada.

¡Llegamos a Melide y tenemos mucha hambre!. Para la ocasión hemos seleccionado un pulpería de esas que tienen solera y buena fama. Así que hemos dejado a los chicos que tomen lo que quieran, aunque les hemos recomendado el pulpo; claro está.
A continuación dos vídeos con la llegada triunfal al pueblo y una escena culinaria de derroche a manos llenas...¡je, je!

Tras la pitanza quedan aun once kilómetros por recorrer y se van a hacer largos, ya que el recorrido es de esos de rompe piernas: subir y bajar. Por lo que nos perdemos de nuevo en el camino... allí al fondo.

Duros son estos últimos kilómetros, lo que hace que el grupo vaya llegando muy dividio. Pero el día es fantástico: no iba a ser todo sufrimiento.
Las fotos finales pertenecen a los primeros en elcanzar el albergue; las primeras chicas en llegar; finalmente, los dos calaberas que han cerrado el grupo.

Nos ha quedado una tarde fantástica y el sitio es precioso: así que ha disfrutar.