DÍA 7: MERCADOIRO-PALAS DEL REY
¡Menuda nochecita que hemos pasado: humedad y más humedad!. Para mejorar el asunto, una falta de comunicación entre los dueños del albergue ha provocado que desayunemos media hora más tarde de lo previsto.
Empezamos tragando asfalto pero poco tardamos en coger caminito de campo blando. Nuestros pies lo agradecen muuuuuuucho.
Mientras, en Portomarín, los lesionados sentados desde lo alto ,divisando el puente sobre el rio Miño, esperaban la llegada del grupo que entraría a la ciudad por este sitio.
Poco tuvieron que esperar ya que una hora más tarde de la partida del albergue entraban los caminantes en la ciudad más o menos agrupados.
No se podía pasar por la mítica escalera de entreada a Portomarín sin una foto de rigor para dejar constancia del momento. Curioso es estar sobre unas piedras que tiempo atrás se encontraban en el valle que ahora anegan las aguas del río.
Otra vez tomamos el campo y volvemos a divisar esos caminos que te invitan a imaginar cuentos e historias.
Y cómo historia hay una poca en este recorrido que nos lleva de un sitio a otro no podíamos dejar pasar la posibilidad de posar junto
al cruceiro más antiguo
que se conserva; del siglo IX.
También la naturaleza te deja monumentos para la historia cómo los árboles centenarios que no es difícil encontrar al andar por aquí.
Pero ya nos daban las tres y pico de la tarde y aun quedaba un trecho que andar por lo que no teníamos más tiempo que perder.
Mientras, en el albergue de Palas del Rey,
dos chichos más se sumaban al grupo de lesionadaos. Aun así, no parece que se lo estén pasando del todo mal.
A eso de las cinco y media (un tiempo record), llegaban los primeros caminantes. Así fue sucediendo durante veinte minutos.
Rápidamente tomaron posesión de sus camas
y comenzaron su momento de descanso; descanso bien merecido.
Mañana, un poco más.










