DÍA 5: O CEBREIRO-TRIACASTELA

"Hoy nos vamos a tormas el día con calma"; eso es lo que Paco nos ha dicho esta mañana ya que con la paliza de ayer y la longitud moderada de la de hoy, veinte kilómetros, no era preciso correr. Así que nos hemos levantado algo más tarde y con un frío de muerte.

Pero rápidamente el grupo se disgregó ya que, al parecer, algunos no habían captado bien el mensaje y otros arrastraban dolores varios que les impedía ir más rápido

Pero afortunadamente el sol no tardó en calentar y comenzamos a quitarnos algo de ropa ya que teníamos una subida durante los primeros ocho kilómetros hasta el alto del Pollo.

Parada anterior al alto del Pollo era el alto de San Roque. Una buena ocasión para reagrupar al gupo aprovechando la conocida estatua del Peregrino: foto de rigor.

Y llegamos al alto del Pollo. Aunque para pollo el que Paco ha montado a los del grupo adelantado ya que, cómo he inidicado al principio, la idea de hoy era marchar tranquilo y, la de siempre, cuidar al grupo. De hecho algunas chichas no iban muy sobradas de fuerzas y llegaron con mucho retraso. Así que hasta que no descansamos todos no se reinició la marcha.

No tardó en notarse el exceso de velocidad de la mañana ya que el último tramo de seis kilómetros se ha atrangantado más de lo previsto y en vez de llegar a las dos y media los chicos han apareciero sobre las tres y cuarto. Eso sí, llegar y ponerse a comer y...¡cómo comen estos muchachos!

¡Buff, que suerte la nuestra! ya que no quedaban plazas en el albergue municipal y he tenido que buscar otro. Por suerte en uno privado tenían suficiente sitio.
Ahora toca disfrutar del resto de la tarde ya que mañana tenemos una ruta de 35 kilómetros: ¡casi nada!