DÍA 3: MOLINASECA-VILLAFRANCA DEL BIERZO
Comenzamos el día com mucha energía y ganas de andar. También con la ilusión de hacernos fotos típicas cómo, por ejemplo, encima de un puente de Villafranca del Bierzo.
Una de las ocurrencias del señor Paco Cordero, desayunar (por segunda vez) en una chocolatería Deluxe, un chocolate con churros...¡buenísimos!.
Pero como en frete estaba el castillo de Villafranca, la foto de rigor era necesaria. Eso si, en esta ocasión os pongo la misma foto pero con una diferencia: ¿sabéis cuál? Sí, en una está Paco y en la otra yo; así salgo alguna vez.
Después de atravesar toda la ciudad y tragar mucho asfalto, tomamos pie en la tierra de nuevo. Algo que era de agradecer para nuestros piés.
¡HORA DE COMER!. Paco y yo teníamos la intención de sorprenderles con unos pollos asados pero la dueña de la pollería pinchó una rueda y cuándo la comida quiso llegar ya nos habíamos saciado de otras viandas. Así que la pintanza programada no tuvo el éxito deseado.
Y tocaba ponerse en marcha de nuevo. Aunque el tiempo amenazaba lluvia luego todo se quedó en una falsa alarma.
Mala forma de iniciar la caminata después de comer: asfalto y cuesta arriba. Además se empezaba a notar el cansancio del terder día. Y el grupo comenzó a estirarse de mala manera, lo cual duró hasta el final del día. Eso si, no tardamos en tomar la tierra de nuevo y dejar la carreterita dichosa.
¡Pufff, que paliza llevábamos en el cuerpo. Aunque divisar a lo lejos nuestro destino nos daba un poco de fuerzas. Eso si, con prudencia porque en la montaña las distancias no son lo que parecen: siempre es más.
Al final se formaron dos grupo. Aquí en la foto siguiente el primero en alcanar Villafranca del Bierzo, a eso de la cinco y cuarto de la tarde.
Poco a poco fuímos llegando y descendiendo hasta el albergue.
Las heridas, ampollas y pies doloridos han sido la tónica dominante del día. Por lo que ahora
toca mucho decanso, buena cena y cama temprano ya que mañana afrontamos la subida más dura del Camino: O Cebreiro.













